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#saltaotravez

-Salta otra vez.

Y yo pregunto hacia dónde dirigirme. Qué precipicio o vacío he de escoger, esta vez.

Le tengo vértigo al vértigo. Y miedo a las alturas.

Me asusta el vacío constante que te abraza mientras caes y esa sensación claustrofóbica de no llegar al final del destino, manteniéndome siempre a la deriva en el aire. Sola.

Tengo miedo de no saber controlar ese salto a la nada.

Miedo de no saltar, también.

Miedo al miedo.

¿Cuántas preguntas caben en una sola? ¿Cuántas maneras de saltar cabrían en una sola respuesta?

Alguien argumenta: salta otra vez.

Y no dejo de pensar de cuántas maneras podría hacerlo sin salir lastimada de mi salto a un vacío que desconozco.

¿Alguien me tenderá su mano antes de precipitarme al dolor de chocar con la inevitable realidad?

-Salta otra vez, te digo.

Y el único salto que me atrevo a dar es a reconocer cuantos errores he cometido, cuantas personas haya dañado o cuantas lágrimas haya podido desprender de mis ojos sin sentido.

-Salta….

Y el vacío antes de saltar convergió en mí.

 

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Declaración de intenciones

Y aprieto tu mano.

Y  la fuerza que une tu piel con la mía, me hace sentir en casa.

Todo lo que necesitaba era esto.

Y se reduce a un “nosotros”.

Un plural

No hay singulares que valgan.

 

 

2am de la mañana

Miro el reloj.

Las 2 de la madrugada.

Siento el cansancio en mi cuerpo, en mis ojos, en mi mente…en mis manos.

Todo está en silencio en mi casa…y yo, noche de imsomnio preveo.

Voy sumando retos a mi vida. Muchos. En exceso.

Olvidar. Recuperar. Sobrevivir. Superar.

Y los días se llenan de emociones diferentes a los de hace semanas.

Todo está en una aparente calma que destroza mis nervios.

No, ya sé que no se denotan. Que están ocultos en mi forma de actuar. Pero están ahí, latentes, acechando, encogiendo mi estómago…

Son las 2 de la madrugada y el silencio invade mi espacio.

Casi puedo escuchar la voz de mis pensamientos y el ruido incesante de mis dedos navegando por este sórdido teclado.

Y siento que todo torna a una apaciguable serenidad.

Pero mi yo interno, ese escondido, tímido y a un mismo tiempo voraz de adrenalina, sigue buscando incesante algo que haga estallar esta extraña tranquilidad. Esta rutina que me autoimpongo.

Y su búsqueda de la felicidad la hace ir al encuentro de imágenes qué capturar con su cámara, palabras que acompañen, canciones que recuerden algo, emociones que despierten sentidos…

Palabras que renueven ambientes. Sensaciones que alteren la calma.

Son las 2 de la mañana y yo, sigo sin tener sueño.

Sin encontrarle significado….a nada.

Mañana confío que la suerte cambie.

Que todo tenga sentido.

Que la calma alivie este ansia; la desazón de haber perdido el equilibrio en mi balanza.

Soy palabra.

Tengo media sonrisa para dar. La otra media la escondí hace tiempo.

Me la guardo por si necesito llorar, para que al menos, una parte de mi entienda que aún hay camino por recorrer, sonrisas que regalar, verdades a las que me pueda aferrar.

Hay días que evoco reminiscencias de un pasado. Invento lagunas llenas de emociones que surcar, nadando en un álbum de recuerdos. Las imágenes se agolpan. Intento avanzar en tanto desastre…emocional.

De niña ya escribía mucho. Demasiado. En exceso. Mientras otros jugaban en la calle con amigos, yo me refugiaba en las paredes de mi habitación para escuchar mi música y escribir a quién se dejaba, a quién podía…y deslizándome por esas líneas…me exprimía.

Rompía corazas. Encontraba valentía. Huía del verbo con sonido. De mi tez sonrojada.

Escribía para ser. Para darme a conocer. Escribía para ser. Para…poder ser yo.

Y las cartas a distancia fueron multiplicándose, mientras mi cuerpo y mente crecía. La música seguía acompañándome y lo que me rodeaba, se extinguía, difuminaba, se vencía… mientras mis manos deslizaban la pluma por las hojas vacías, llenándose de garabatos y aventuras, de amores imposibles y confesiones. De alegrías y decepciones.

Escribir para llegar. Escribir para alcanzar a quién no podía. Abrir mi puerta a quién se hallaba lejos…o en cercanía.

Y entre tanto recuerdo, amores perdidos, amores intensos, amores prohibidos, amores que duelen, amores que no olvidas, que perennes navegan por tu cabeza, a horas, a trazos, a insomnios, a días….

Siempre buscando con palabras un hueco en la vida de otros, escondida, en silencio, atravesando provincias, países… mi timidez más no permitía.

Buscando el amor con palabras.

Aquellos que me han conocido bien, conocieron mis letras antes que mi cuerpo. El sonido de mis sílabas antes que mis besos. Mis páginas llenas de caligrafía ilegible antes que mi sonrisa en su cama….Y no todos.

Y sigo escribiendo para ser yo, sin buscar ya amores imposibles, posibles…. Ni amores…a secas.

Y escribo para seguir dando más de lo que veis, más de lo que yo alcanzo a ver.

Porque nací palabra y hasta hoy, no sé qué más puedo ser.

Silencios y gritos.

En mi silencio hay ecos.

Mi voz se estrella contra ellos. Resulta desolador.

Vacío.

Hay silencios inhóspitos, silencios que duelen, silencios que arrebatan las voces de mi memoria.

Y callo. Ya no grito en versos.

No. Ya no hay nada que gritar.

Callo y silencio lo que hubiera podido gritar con voces atroces.

Callo y encojo mi cuerpo al descansar.

Ya no grito. Ya no bailo a ningún son.

Sin gritar soy más yo.

No grito. No escucho mi voz.

Y en este adormecer de mis voces internas, renuevo mi sed de nuevos versos.

Silencios que llenan.

Ecos que estallan.

Gritos que sobrevuelan palabras.

Distancias.

Sonreír

Qué tengo ganas y motivos suficientes para sonreír.

Para sonreírte.

Que ayer bailé sobre mis penas, vestida de flores, sonrisa en mis labios, mirada recompuesta, pupilas verdes brillantes e intensas. Y toda la fuerza en cada paso que doy. Lenguaje sin sonido en  mi cuerpo.

Qué bailo a la vida, a unas manos fuertes, a un aroma intenso, a unas palabras unidas a acciones.

Te bailo a diario. Y te beso. Te busco.

Renuevo mis ganas. De todo.

De caricias vehementes, de momentos candentes, de abrazos inmensos.

Te busco y te encuentro a diario.

Me pierdo a menudo, y vienes siempre a buscarme. Tendiéndome un lazo irrompible. Calmado. Sereno

Me buscas. Me encuentras. Y todo comienza. De nuevo.

Y la entrega es perenne.

Deshacer-me

Aprendo a deshacer-me.

Es un proceso intenso y voraz.

Aprendo rápido.

Aprendí un día de invierno a descoser-me, también.

Es necesario.

Hay que aprender. Lo requiere la Vida.

Deshacer-te de lo que no te deleita.

Deshacer-te de lo que no te completa.

Deshacer-te de lo que no calma.

Deshacer-te de lo que enerva.

Deshacer-te de emociones que no son tuyas.

Deshacer-te de personas que queman tus horas. Tu tiempo. Tu energía.

Deshacer-te de sombras que marchitan deseos.

Deshacer-te de toda duda.