Fotografías

Quisiera capturar lo invisible a través de mi objetivo.
¿Cómo sería fotografiar la ira?
¿Y la rabia?
¿Qué colores tendría?
Quisiera capturar esa esencia que envuelve tu cuerpo.
Tocarla, desplazando las yemas de mis dedos por ese papel mágico que atrapa momentos e instantes.
Podría cerrar los ojos, respirar profundamente e imaginar que puedo sentirla sólo con mirar esa fotografía 20 segundos a cada minuto que te eche en falta.
Podría.
¿Querría?
No quiero conformarme con apresar tu imagen nítida entre mis dedos, ni tan siquiera con retenerla en mi memoria mientras la guardo en algún cajón desastre de mi vida.
Quisiera acariciarla intemporalmente, desgastarla de tanto sentirla, arrancar su aroma de tanto exhalar su existencia.
Y descubrí, que a través de mis fotos podía sobrevolarte, soñarte, vivirte.
Y eso hice, por inalcanzable que fuiste.

Anuncios

Pedirte una cosa

Una sola cosa podría pedirte.

Una que nace de mis entrañas y quema.

Una que me subyuga a tu existencia y doblega mi voluntad.

Esa, esa sola cosa, me podría hacer arder por entero. Quemarme. Abrasarme. Calcinarme.

Incendiarme.

Una y otra vez, sin temer al dolor. Sin miedo al que vendrá después. Sin divisar  las consecuencias que acontecerán al instante que nos sobrevenga el vacío del después.

Incitarte. Pensarte. Narrarte. Erotizarte.

Todo y nada a un mismo tiempo.

Para luego, despedirme.

Así que, una sola cosa podría pedirte.

Esa que altere nuestro estado físico de templado a ardiente, de distante a cercano, de confuso a nítido, de mesurado a exaltado.

Esa que reproduzca en nuestra piel dormida un inquietante volcán a punto de explosionar repleto de sed. De ganas. De anhelos. De hambre.

Esa que nos haga temblar de emoción, que nos quiebre en fragmentos creados de sueños, que nos eleve al cuadrado las ansias de deleitarnos.

 

Soñémonos y olvidemos.

 

No me dejes soñar

No me dejes soñar.
Despiértame.
Se quiebra mi ideología entre golpes y sangre. Todo impuesto.
Las decisiones aquí, no se contemplan.
Las palabras dañan y los gritos asustan.
Parece como si el paso de los años no hubiera acontecido.
Parece que el diálogo cesó cuando al pueblo le robaron su voz.
No se dialoga nada. No se consulta nada. No se cuestiona nada.
Todo sucede porqué sí.
Y lo llaman democracia, cuando el pueblo no decide, cuando la soberanía del mismo se amordaza con leyes que matan la libertad.
Llenan sus discursos de falacias, de miedo, de palabras discordantes con sus actos.
No me dejes soñar.
Despiértame.
Mi voz no debe callar.

#saltaotravez

-Salta otra vez.

Y yo pregunto hacia dónde dirigirme. Qué precipicio o vacío he de escoger, esta vez.

Le tengo vértigo al vértigo. Y miedo a las alturas.

Me asusta el vacío constante que te abraza mientras caes y esa sensación claustrofóbica de no llegar al final del destino, manteniéndome siempre a la deriva en el aire. Sola.

Tengo miedo de no saber controlar ese salto a la nada.

Miedo de no saltar, también.

Miedo al miedo.

¿Cuántas preguntas caben en una sola? ¿Cuántas maneras de saltar cabrían en una sola respuesta?

Alguien argumenta: salta otra vez.

Y no dejo de pensar de cuántas maneras podría hacerlo sin salir lastimada de mi salto a un vacío que desconozco.

¿Alguien me tenderá su mano antes de precipitarme al dolor de chocar con la inevitable realidad?

-Salta otra vez, te digo.

Y el único salto que me atrevo a dar es a reconocer cuantos errores he cometido, cuantas personas haya dañado o cuantas lágrimas haya podido desprender de mis ojos sin sentido.

-Salta….

Y el vacío antes de saltar convergió en mí.