Jugar

Despierta.
Quiero ver la luz de esos ojos buscando su camino, ese que se cierne sobre ti y que te persigue, mientras tú lo alejas sin remedio.
Despierta a lo que ha de llegar.
No cierres las puertas que se abren, sin antes mirar en ellas.
Juega.
Juega con el tiempo.
Juega con las posibilidades.
Juega con las sensaciones que albergas.
Juega con todo aquello que desconoces y que da miedo alcanzar.
Juega.
Y mientras estés jugando, descubrirás que nada es tan difícil como las barreras que nosotros mismos construimos cuando deseamos algo y no sabemos cómo alcanzarlo.
Juega.
Mañana ya nada será lo mismo.

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Soy, sin querer ser.

No fragmentes lo que soy.
Porque soy todo lo que tienes.
Lo que tienes y lo que deseas.
Lo que buscas y anhelas cuando no estoy.
Lo que deseas encontrar y hallas entre tus manos.
En pedazos y en esencias.
En palabras y en versos garabateados.
En caricias y besos que se deshacen al chocar contra tu piel.
Soy aquello que no ves, que te estremeces al tentar mis pliegues con la yema de tus dedos inquietos.
Soy esa necesidad y ese apetito que te consume cuando no estoy en tu radio de proximidad.
Soy el viento que azota tus antojos y la lluvia que inunda tu cuerpo de ganas, el calor que alimenta tu fuerza y la tierra que te hace crecer, esa que te hace sentir que estás en casa….cuando estás adentro.
Soy un puerto donde anclar amarras, aunque te sientas libre al atar tus lazos en mí. Cuerdas que no dejan marcas, cabos que ceden lo imposible.
Soy.
Y eso te da miedo.
Angustia.
Incendia deseos y te aleja, en un mismo instante.
Y pides que deje de ser, cuando lo que en verdad solicitas mudo, silente, callado, con recelo… es que sea más para ti.
Soy, sin querer ser.

Olvidarte, porque lo preguntas…

Quisiste saber qué sucedería el día que yo pudiera olvidarte.
No supe qué contestar.
Olvidarte? Olvidar?….si ni siquiera he comenzado a retenerte en mi memoria, pensé!! Era demasiado pronto para aquella pregunta. O demasiado tarde.
Nunca es tiempo de recordar o de olvidar a alguien.
El olvido llega sin mediar palabra y se lleva recuerdos, porqué sí. Porque necesita arrancarlos para que no duelan. Porque los colecciona. Porque recordar cómo abrazabas o me hacías el amor, cuando ya nada nos une, es estúpido. Porque recordar cómo follábamos contra la mampara de la ducha, es vulgar cuando ya nada sucede entre nosotros.
Porque los recuerdos retrasan el aprendizaje e impiden que se inicie un camino de redención.
Porque…qué importa recordar cómo olías o cómo tocabas mi cuerpo si ya no te tumbas a mi lado cada noche o amaneces cada mañana en mi colchón o dentro de mí??
Queremos ser recuerdos sin aprender a ser olvido.
Necesitamos sentirnos eternos, cuando somos pequeñas e ínfimas gotas de lluvia efímeras que estallan contra el suelo fragmentándose en miles de pedazos de nada.
Y tú…me preguntas qué sucederá en mi vida cuando te olvide.
Supongo, a voz de pronto, que te olvidaré hasta no recordar tu nombre. Ni tu rostro. Ni tampoco tus lunares incómodos. Ni esa sonrisa que se desperdicia por las esquinas y que nunca llena a nada
Te olvidaré casi sin quererlo. Con una suma facilidad, porque lo que no perdura, se desvanece con el paso de los días.
Te olvidaré sin rencor y sin arrepentimiento, como uno se deshace de los muebles viejos que ya no usa.
Te olvidaré cuando el calor de otro cuerpo haya invadido mi cama, mi cuerpo, los cajones de mi cómoda en la habitación y tus vacíos se llenen de otro.
Te olvidaré, porque sin haberte ido, ya preguntas sobre el día que debo olvidarte y yo…no sé mentir.
Te olvidaré en el trayecto entre recordar quién eres y qué pregunta has venido a hacerme justo el día de hoy en el que yo deseaba que te abrieras camino entre mis piernas durante ese periodo que denominan siempre para no olvidarte jamás.
Y tú…me preguntas cómo te he de olvidar.