Huecos

Atesoro recovecos en mi orografía epidérmica que renacen al contacto de un pensamiento oscuro.

Uno de esos pensamientos que remueven sensaciones encontradas, emociones aletargadas, tactos insurgentes que arremeten insaciables en oposición a todo aquello aprendido en el tiempo.

Y en esa oposición a los dictados de la razón, resurgen multitudes de punciones eléctricas que lo activan todo, que lo aceleran todo, que lo estimulan todo.

Todo.

Y en contraposición, no facilitan nada.

No posibilitan que tan densas fantasías se traduzcan a una realidad tangente.

Todo queda flotando.

Todo queda permanentemente fluyendo en este craso ambiente que une relatos transcritos de puntos geográficos remotos.

Y esas cavidades, en vez de sentirse marchitas y agotadas, se humectan e impregnan de apetitos recónditos e inconfesables.

Por consiguiente, atesoro sin miedos esas ganas incontenibles de prolongar esta quimera de no cesar ni romper cada centímetro de piel que se eriza con pensamientos que viene y van.

Que llegan y se pierden entre anhelos soñados.

Que se esconden entre los surcos de esta piel encendida.

Incendiada de sueños y palabras.

 

 

 

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Declárame

Declárame inoportuna.

He llegado a contrarreloj.

Difuminando toda esperanza de poder entrar a tiempo en esta vorágine de acontecimientos que sobrepasan mis expectativas.

Declárame inhóspita.

Cuando mi cuerpo se siente contrariado de sus reacciones, cuando todo se resuelve de manera errónea, cuando no cabe ya nada más que contradiciones que me hacen sentir como un desierto donde nada crece o tiene vida.

Declárame incorrecta.

Cuando mis palabras se tornan torpes y tropiezan una y otra vez con vocabularios que no manejan, cuando arrastro sensaciones que lo tensan todo, que lo confunden todo, que lo malinterpretan todo…y me transformo en un cúmulo de incorreciones marcadas en bolígrafo rojo.

Declárame incauta.

Cuando creo a pies juntillas todo lo que me narras, cuando hago magia con tus miradas y las metaforseo a aquellos significados en los que me siento cómoda, cuando el tacto de tu piel que engaña y quema se traduce en un deseo unidireccional, porque no hay nada más…

Declárame inaccesible.

Porque el paso lo tienes totalmente cercado….a mis palabras, a mis pensamientos, a mis ganas.

De ti.

Guárda-me

Me guardarás en cualquier lugar de tu memoria que tenga espacio duro suficiente para retener momentos  que no son fáciles de olvidar.

Querrás recordar cada centímetro de piel recorrida por tus manos…haciendo uso de la memoria orográfica y epidérmica que trae consigo el tacto de aquellos días pasados.

Anhelarás, por decreto, que vuelvan a sucederse aquellas tardes en los que no había relojes, ni horas, ni minutos, que pudieran consumirse en algo que no fuéramos tú y yo.

Venerarás aquellos labios que dejaron sendas marcadas a todo lo largo y ancho de tu cuerpo, sin dejar huellas táctiles, pero sí hilos sutiles de caricias inolvidables.

Y exigirás que los tiempos retomen todo aquello que se quedó a medias, contenido en espacio y tiempo, mesurado por tus miedos y los míos, condicionados por palabras y acciones que iban fragmentando ese punto de encuentro mutuo para encontrar todo aquello que ansiábamos.

De tal manera, te podré requerir que me busques. O que te alejes. Pero…

Guárda-me.

Y rememora en tus recuerdos tácitos, todo lo que sucedió, sin restringir ni una sola imagen.

Ni un solo beso.

Ni un solo recuerdo, por inhóspito o doloroso que regrese.

Guárda-me.

Y perpetúa en el recreo de tu memoria, todo lo acontecido entre tu cuerpo y el mío.

Sin censuras.

Sin rencores.

Sin lamentos.

Acusaciones

“Te cambio mi lugar en tu recuerdo por tu lugar en mis ganas”

Follamantes (#13) – Carlos Salem

 

Me acusas de ser cómplice de todos tus sueños: los que te despiertan en mitad de la noche, los que se producen de día y con todas las intenciones, los que mantienen de manera fortuita el deseo colgando de una pequeña pinza…

Me acusas de cuánto sucede dentro y fuera de tu cuerpo: esos pensamientos llenos de sombras que nos tragan a los dos, las imágenes de cuántos lugares quisiéramos soñar, las reacciones impredecibles de tus emociones, las caricias que a sabiendas nos regalaríamos…

Me acusas, sin pruebas, de causar catástrofes emocionales en tus días: cuando me piensas y no puedes alargar la mano para tocarme, cuando se nubla la razón de tus labios y pronuncias mi nombre lejano y en silencio, cuando te atormenta el deseo en tus manos, cuando el olor de mi piel se disipa en tu recuerdo…

Me acusas de todo y de nada.

Y yo sólo puedo decirte que…te cambio mi lugar en tu recuerdo por tu lugar en mis ganas.

 

Búsquedas

¿¿Qué vamos a hacer cuando ya no haya nada más qué decir??

Buscaré mil palabras más para acrecentar ese deseo que sobrepasa la razón.

Esperaré que inventes mundos oníricos para mí, para que me pierda entre límites insospechados.

Aceleraré el pulsómetro de tu ansiedad, rescatando mis fantasías más oscuras para hacerte volver a recuperar la fe en mí.

Encontrarás bajo el resquicio de los minutos olvidados pequeñas migas de nuestros encuentros, para volver a revivir las llamas que se extinguen…

Incendiaré tus días con mis palabras.

Atarás mis muñecas a tus versos.

Y así, a diario, bailaremos este vals de búsquedas.

 

 

Echar en falta…

Faltan palabras revoloteando a mi alrededor.

Se escapan hoy los silencios y los atrapo con mis dedos.

Jugueteo con ellos; con los silencios y con las ganas.

Las siento todas.

Nadan a sus anchas por mi cuerpo. Quizá, más por algunos parajes que otros.

“Discriminación erótica” lo denominaremos.

Se instaura otorgando fuego, nudos y emociones.

Se instaura sin permiso, ni licencias.

Absorbe pensamientos vaciando mi mente de esfuerzos inútiles.

Transforma el deseo en mero placer; el de escribirte.

Y, de tanto en tanto, te busco.

Sólo de tanto en tanto, para no perder, ni ganar, para no dar en exceso, ni en defecto.

Todo en la justa medida.

Y echar en falta tu caligrafía y la extraña sensación de no leerte.

De un tiempo a esta parte…..

El Mar y tú.

Sentada en el tren mirando por la ventana.

El mar a mi paso.

Y la necesidad de ser uno con él.

El mar en mí.

Necesito su infinito.

Mar azul que calma.

Y tú, profundo.

Quiebras cualquier tormenta que brota en mi repentina serenidad.

Calmas.

Y en ese instante indeciso de soledad, las olas rompiendo a pie de orilla, acompañan la sombra que dejé de ser para convertirme en horizonte.

El tuyo.

El que cada noche y cada amanecer nos abrazan regalándonos la quietud de espíritu que reclamábamos.