Cuerdas

Recuérdame quién soy a través de tus manos.

Me he acostumbrado a tu lengua. A tus círculos concéntricos.

Tu piel me sabe a sal. Y a mar.

Tus cuerdas me atan. De manos. De pies. Por la cintura. Por el pecho desnudo.

Mi cuerpo entero sometido a tus ataduras.

Cuerdas que amarran y dan libertad. Todo a un mismo tiempo.

Todo en el mismo acto.

Literalmente.

Y ensordecida por los nudos que trazas en mi anatomía, me desvelo a cada instante exaltada por el ímpetu acontecido en cada aproximación de tu cuerpo hacia el mío.

Cuando te vas, sigo sintiendo la presión de tus cuerdas en mi piel.

Pero no hay nada que dañe más, que la sensación de vacío que me dejas.

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Ya nada.

Si esta noche o cualquier otra vienes a buscar el aroma de los recuerdos que se han quedado impregnados en la almohada, recuerda que no todo es perdurable en nuestro tiempo.

Las manillas del reloj tocaron las doce y tuve que regresar sola a casa después de aquel baile. Descalza. Perdí mis tacones.

No reclames ya nada.

Que el olor que dejaste intacto en mi cama, se fue difuminando con otros aromas y otras sensaciones. Ya nada huele a ti. Ni a tus palabras. Ni a tus cartas. Ni a tus desplantes.

Ahora mi casa, mi cama, mi piel… es invadida a diario por otros olores que suplen tu cobardía.

Yo no hago recuento de cuántos llevo. Ya no. Aspiro, vivo y me desvinculo del proceso. Simplifico. Yo sonrío y beso. Y beso y sonrío. Porque en el amor y en el sexo, siempre supimos que el orden no alteraba el producto.

Hasta que te equivocaste despejando equis.

Y despejaste mi presencia por la comodidad. De otra.

Y ya no abrazaste, ni llamaste, ni acompasaste mis movimientos en nuestras danzas nocturnas, ni más besos, ni más sonrisas. Ni tan quisiera cambiando el orden al que tanto te aferrabas.

Ya ni más. No hay sumas. Ya nada.

Y la comodidad la enlazo yo ahora, precipitándome de cuerpo en cuerpo, de piel en piel, de boca en boca, alimentando mi ego, llenando tu nada, vaciando las  ansias del abandono en silencio entre sábanas con sujetos que no conozco y que súbitamente, estallan en gritos al unísono conmigo. Solos. Con todas las ganas y más de sentir. De amar aunque sea unas horas, una noche o hasta el mediodía…

Y tú.

Ya no más. Ya nada.

Olvída-me.

Si puedes. Si sabes. Si recuerdas cómo olvidar para no recordar-me

Experiencias culinarias

“Pero esta noche prefiero que me vivas tú”

Follamantes – Carlos Salem

 

Abre la nevera. Yo te espero en la cama. No tengas miedo. Ni creas estar eligiendo alimentos inadecuados para lo que te he pedido.

Me he adelantado a tus expectativas y, esta vez, he arriesgado yo.

Esta tarde estaba aburrida en casa y bajé a comprar a esa tiendecita pequeña del barrio, esa que está al doblar la esquina del bloque de enfrente. Ya sabes, por lo de favorecer el comercio local, y qué coño, por qué el supermercado de dos calles más atrás, ya sabes que peta a esas horas.

Cuando he cargado con toda la lista que llevaba en mente para la ocasión, he notado que me han mirado con esa cara de…”tú esto no lo quieres para cocinar!!”, pero es que no me apetecía contestar preguntas impertinentes a esas horas. Al salir de la tienda pensé…que las pobres ni se podían imaginar, más bien era mi culpabilidad de organizarlo todo sin avisar, y debía llevar tatuado en todo el cuerpo y garabateado con khol negro en mis ojos verdes, la intencionalidad y el fin que iba a dar yo a todo ese festín de comida erótica con la que he cargado todas las escaleras de los dos pisos que me acercan a casa. Lo de que adivinaran los “medios”, ya estaba de más.

He debido de ver más veces de las estimadas “recomendables” la escena de la cocina de la película Nueve semanas y media, porque desde entonces, sabes que me ronda la idea de hacer un trío extraño entre tú y yo.

Tú y yo y la nata, baja en calorías la he comprado por lo de no saltarnos la dieta. Tú, yo y las fresas de Palos de la Frontera, que las demás no saben a fresa. Tú yo y la leche condensada, es un rato pringosa, pero luego una ducha. Tú y yo y el champagne…pero hoy he comprado cava de la zona de una bodega alicantina modesta, que ya sabes que la prestación del paro que se me ha quedado, apenas da para nada… Tú, yo y el chocolate líquido, ese que ya viene en bote de abertura fácil y que no gotea para hacer dibujos de trazos finos en mi espalda…o dónde quieras!!!. Tú, yo y las cerezas, pero seguro que nudos con la lengua como los que hacía Horne, la de la serie de Laura Palmer, a mí no me salen. Más quisiera yo!!…la de momentazos que me hubiera ganado con esa técnica!!.

Tú, yo y los hielos…sí, sí, esos de forma de piña que están en un molde de silicona rosa y que no te dejo usar para tus cubatas de sábados por la noche cuando no salimos y no hay ganas de nada. Y los imagino derritiéndose por mi pecho…y pienso…qué frío y qué morbo más tonto puede destilar el cambio de estado del agua de líquido a sólido !!!!!…

Y hoy, ya lo ves, las ganas se expanden a su anchas por toda mi casa, por mi cuerpo…por la cantidad ingente de comida para sesión gastroerótica que tengo escondida por las bandejas de la nevera, para que no llegaras a la noche y engulleras lo que no es para “comer” si no es servido en otra bandeja que no sea yo.

Ya, ya….ya veo que te pillo un poco fuera de tono, que no sabes a qué atenerte, ni de qué va todo esto…Qué vienes cenado de casa de tu madre y te pillo sin hambre, pero …no me mires así!!!, que me haces sentir marciana!!…¿¿dónde quedaron nuestras ganas??, ¿¿y las promesas de cumplir fantasías??, ¿¿dónde está tu ferviente devoción por complacerme??…¿¿y la sensación de adrenalina que da salirse de la misma “postura de la cucharita” de estos meses atrás??…

Venga, ves, coge todo lo que te apetezca y ven, pronto.

Que esta noche prefiero que me vivas tú…y adereces mi cuerpo con ingredientes a tu gusto como entrantes…

Venga, ves…que el hambre apresura…

Y de postre, mejor yo.

Vestigios

Quedan vestigios de una ruina que antaño pudo ser algo grandioso.

Hoy, dónde se erigía aquella fortaleza, sólo quedan silencios.

Quedan voces atrapadas de otros tiempos.

Quizás, se perciben  gracias a la brisa y sus vaivenes y  esos susurros lanzados que quedaban adheridos a tu boca cuando todo se decía y nada se callaba. Y ahora, gotean las palabras de tu boca como si ya nada tuviera sentido, transformadas en gotas de agua destinadas a ser olvidadas. A caer en un olvido impasible y férreo. De aquellos que nunca pueden dar pasos hacia atrás. De esos silencios y olvidos irrevocables que bajan hasta la boca del estómago y allí se tornan molestos unos días, quizás unas horas y, poco a poco, se tornan invisibles.

He aprendido a ser tantos elementos, tantas personas y ninguna a un mismo tiempo!!! , que ahora que las ciudades enmudecieron, ahora que los templos quedan deshabitados sin fe alguna  y que ya nada tiene eco para recordarnos lo que fuimos, lo que fuiste y lo que soy, ahora con todo este silencio insondable, pierdo los recuerdos que me ataban a tu presencia y a tu ausencia.

Porque cuando estabas, podía sentirte.

Porque cuando te fuiste, tu ausencia lograba acompañarme en el duelo de tu no existencia.

Y ahora, sin tus manos sosteniendo mis palabras apuntalando al cielo para que no quiebre, sin tu voz sometida a intervalos de espacios de tiempo en el devenir de los días, sin la efímera sensación de besar tus labios atentos a mi sed perenne de ti….dime, qué va a ser de mi!!!!

Y  dispuesto este caos en una especie de orden engendrado por tu causa y mi razón, quisiera que encontraras la desventura que nos llevó a convertir ese paraíso en cenizas, ese templo forjado de caricias y deseos en las ruinas que hoy todo lo conforman, que hoy todo lo destruyen.

Quedan vestigios insignificantes de todo cuanto fuimos y, a fecha de hoy, la importancia que resta a mis días esa deforme deconstrucción de los sentimientos, me hacen sentirme más libre de lo que hubiera podido imaginar.

Ya no hay besos que calmen mi anhelo, ni cuerpo que sacie sed alguna.

Hoy, las fortalezas que algún tiempo pasado fueron nuestros cuerpos desnudos con hambre mutua de saciarnos, el presente lo engulló regalándonos hastío y desazón.

Y hoy, con pena en mis labios de pronunciar y poner voz a estos pensamientos que pernoctan de manera incesante en mí, me atrevo a gritar que, dónde se erigía aquella fortaleza, sólo quedan silencios y se oyen murmullos de voces de otros tiempos.

Y el silencio….

Hoy lo invade todo.

2am de la mañana

Miro el reloj.

Las 2 de la madrugada.

Siento el cansancio en mi cuerpo, en mis ojos, en mi mente…en mis manos.

Todo está en silencio en mi casa…y yo, noche de imsomnio preveo.

Voy sumando retos a mi vida. Muchos. En exceso.

Olvidar. Recuperar. Sobrevivir. Superar.

Y los días se llenan de emociones diferentes a los de hace semanas.

Todo está en una aparente calma que destroza mis nervios.

No, ya sé que no se denotan. Que están ocultos en mi forma de actuar. Pero están ahí, latentes, acechando, encogiendo mi estómago…

Son las 2 de la madrugada y el silencio invade mi espacio.

Casi puedo escuchar la voz de mis pensamientos y el ruido incesante de mis dedos navegando por este sórdido teclado.

Y siento que todo torna a una apaciguable serenidad.

Pero mi yo interno, ese escondido, tímido y a un mismo tiempo voraz de adrenalina, sigue buscando incesante algo que haga estallar esta extraña tranquilidad. Esta rutina que me autoimpongo.

Y su búsqueda de la felicidad la hace ir al encuentro de imágenes qué capturar con su cámara, palabras que acompañen, canciones que recuerden algo, emociones que despierten sentidos…

Palabras que renueven ambientes. Sensaciones que alteren la calma.

Son las 2 de la mañana y yo, sigo sin tener sueño.

Sin encontrarle significado….a nada.

Mañana confío que la suerte cambie.

Que todo tenga sentido.

Que la calma alivie este ansia; la desazón de haber perdido el equilibrio en mi balanza.