MICRORRELATO XIII: Él y sus vacíos.

       “Si quieres sentirte lleno tendrías que empezar por nadar en tus vacíos “

                                                                                                        Vanesa Monserrat

Cuando todo lo creía perdido, después de haber nadado en sus miserias y no encontrar salida a un túnel infinito de infelicidad, descubrió la manera de arrojar luz a su propia vida, robando destellos a los demás.

Lanzó una red donde cabían todas las mujeres inteligentes, creativas, llenas de vida y de luz. Supo que ellas le darían todo lo que él no tenía. Supo que necesitaba de cada una de ellas.

Y en vez de llenar su vida comenzando a nadar en sus vacíos para restaurar, para entender, para sanar aquello que echaba de menos, que era sentir el amor,  se enterró aún más apoderándose del amor de aquellas mujeres enteras, fuertes, brillantes, preciosas…Con tanta belleza que él se sentía minúsculo, superado,…cada vez más pequeño. Cada vez más hundido en un extraño círculo que era incapaz de romper. Incapaz de fragmentar.

Y el círculo vicioso en el que se vio sumergido con sus propios vacíos…se lo tragaron a él por entero.

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Piedras que son versos

No todo es tan fácil como quisiera.

Que hay palabras que no rompen, ni llegan a la orilla…ni tan siquiera llegan a puerto.

Que quedan perdidas en ese inmenso océano azul que son creadas a merced.

Para crear tsunamis que se lo llevan todo.

Tsunamis fríos. Tsunamis de hielo.

Antaño, hace mucho tiempo, eran sinónimos de cálido y el tiempo lo fue cambiando.

Ahora ya no arrojo piedras a la mar.

Callo. O escribo.

Que ya sabemos que los versos gritan con voz estridente y con mi soplo llegan los ruidos lejanos que derramo a las mareas.

No es para menos!!! Ni para más….

Yo nadando llego a cualquier puerto. Nadando en palabras, que duelen o no, según se den por aludidos.

Qué no!!! Que yo ya no arrojo piedras a la mar…que sólo grito.

Y consumo mi ironía enfrascada en pequeñas dosis administrables por días. Un día sí, tres no…O un día sí y otro también…

Mis piedras ya no dañan a nadie. O sí??

Yo tiro piedras pequeñas.

El tsunami lo soporté yo, bajo la fuerza de sensaciones insondables, con naúseas, con preguntas, con insomnios, con….muchas dudas.

Dudas ya resueltas. Dudas que no son dudas.

El mar trajo la respuesta, su fuerza, su rabia….despertó en mí quién en verdad era.

Y ahora sólo escribo….Y grito….Y olvido.

Y así comienza un nuevo ciclo de vida.

Adivinanzas

Jugamos a adivinar quién es quién??

Que quiero adivinarte a oscuras.

Sentirte, saber qué trazos hay en tu piel, dónde se quedan mis manos perdidas en surcos de tu tez liviana que sacia la sed de besos que ahora me embarga tu ausencia.

Tu ausencia de mi Aquí y Ahora, pues en breve, llegarás a estar junto a mí.

Y ahora que te echo en falta, adivíname los deseos que sobrevuelan mi mente.

Adivino que  el pensamiento está superpuesto, tus ganas, tu calor, tus abrazos, tu ser…sobre mi cuerpo, y a un mismo tiempo, aconteciendo imágenes en nuestra cabeza llena de expectativas por cumplir.

Que sólo son anhelos, de ti, de mí, de nosotros y, sin embargo, se cumplen las probabilidades matemáticas de invasión corporal.

La luz se apaga y la habitación queda a oscuras.

Ni mis ojos, ni los tuyos ven, pero ya no hace falta luz sobre nosotros; los aromas nos guían, los sonidos nos delatan, la noche va cayendo y despertamos a la luz del alba, que esa sí despierta el hambre aún no saciado de encontrarnos y adivinarnos.

Que la luz que hay sobre nosotros apaga las sombras y las dudas que pudiéramos tener.

Que tus palabras son verbos que se cumplen y hay que creer a pies juntillas. Sin preguntar nada más.

Nos adivinamos cuándo quieras, cuánto quieras y más.

Cada hora, cada día.

Contigo no hace preguntar ¿quién es quién?…

Preguntas urgentes

Me pregunto qué sentirás.

Me pregunto qué sentiré.

Me pregunto qué nace de las personas para amar, para mentir o para engañarse.

Me pregunto qué sensaciones se quedan atrapadas en las entrañas y dañan hasta que perdonas y sanas.

Me pregunto qué palabras quedan pendientes de un hilo sin decir.

Me pregunto qué síntomas llegan al cuerpo cuando te quedas con nada.

Me pregunto qué equivocaciones cumplimos a raja tabla para alcanzar verdades y enseñanzas.

Me pregunto qué dolor va naciendo por dentro para gritar todo con versos.

Me pregunto qué es lo que queda cuando ya no hay nada que te haga quedarte dónde estás.

Me pregunto con urgencia tantas cosas…

Te pregunto desde el silencio que vivo…¿¿tienes algo qué decir??…

Me pregunto y el vacío de sonidos me contesta.

MICRORRELATOS XII: Quédate.

Algunas veces todo depende de ese quédate que se nos queda atascado en la garganta #34 Cuando abras el paracaídas. Defreds.

 

-Quédate. Y al decirlo, se me trabó la saliva en la boca. Nunca me había costado tanto pedir algo tan simple.

Se giró a mirarme por encima del hombro. No había ninguna expresión en su rostro que me hiciera adivinar qué pudiera estar pensando.

Se acercó poco a poco. Me dio un beso lánguido. Me abrazó fuertemente, como si toda su esencia tuviera que respirarla en aquel mismo instante. Toda de golpe. Toda de una vez.

Supe que era una despedida por el sabor de su boca. Por la vehemencia de su tosco abrazo.

Cerró la puerta tras de sí.

Cerré los ojos tras de él.

Cerré la puerta a un nuevo comienzo.

Y aquél fue nuestro último adiós.

Frío. Tan frío como el día de invierno que era.

Tan frío como su paso por mi Vida.

Cuando desperté aquella mañana, supe que había sido un sueño. Yo nunca le hubiera pedido que se quedara a mi lado. Conmigo. No era lo que yo quería…

 

 

Soy palabra.

Tengo media sonrisa para dar. La otra media la escondí hace tiempo.

Me la guardo por si necesito llorar, para que al menos, una parte de mi entienda que aún hay camino por recorrer, sonrisas que regalar, verdades a las que me pueda aferrar.

Hay días que evoco reminiscencias de un pasado. Invento lagunas llenas de emociones que surcar, nadando en un álbum de recuerdos. Las imágenes se agolpan. Intento avanzar en tanto desastre…emocional.

De niña ya escribía mucho. Demasiado. En exceso. Mientras otros jugaban en la calle con amigos, yo me refugiaba en las paredes de mi habitación para escuchar mi música y escribir a quién se dejaba, a quién podía…y deslizándome por esas líneas…me exprimía.

Rompía corazas. Encontraba valentía. Huía del verbo con sonido. De mi tez sonrojada.

Escribía para ser. Para darme a conocer. Escribía para ser. Para…poder ser yo.

Y las cartas a distancia fueron multiplicándose, mientras mi cuerpo y mente crecía. La música seguía acompañándome y lo que me rodeaba, se extinguía, difuminaba, se vencía… mientras mis manos deslizaban la pluma por las hojas vacías, llenándose de garabatos y aventuras, de amores imposibles y confesiones. De alegrías y decepciones.

Escribir para llegar. Escribir para alcanzar a quién no podía. Abrir mi puerta a quién se hallaba lejos…o en cercanía.

Y entre tanto recuerdo, amores perdidos, amores intensos, amores prohibidos, amores que duelen, amores que no olvidas, que perennes navegan por tu cabeza, a horas, a trazos, a insomnios, a días….

Siempre buscando con palabras un hueco en la vida de otros, escondida, en silencio, atravesando provincias, países… mi timidez más no permitía.

Buscando el amor con palabras.

Aquellos que me han conocido bien, conocieron mis letras antes que mi cuerpo. El sonido de mis sílabas antes que mis besos. Mis páginas llenas de caligrafía ilegible antes que mi sonrisa en su cama….Y no todos.

Y sigo escribiendo para ser yo, sin buscar ya amores imposibles, posibles…. Ni amores…a secas.

Y escribo para seguir dando más de lo que veis, más de lo que yo alcanzo a ver.

Porque nací palabra y hasta hoy, no sé qué más puedo ser.

Silencios y gritos.

En mi silencio hay ecos.

Mi voz se estrella contra ellos. Resulta desolador.

Vacío.

Hay silencios inhóspitos, silencios que duelen, silencios que arrebatan las voces de mi memoria.

Y callo. Ya no grito en versos.

No. Ya no hay nada que gritar.

Callo y silencio lo que hubiera podido gritar con voces atroces.

Callo y encojo mi cuerpo al descansar.

Ya no grito. Ya no bailo a ningún son.

Sin gritar soy más yo.

No grito. No escucho mi voz.

Y en este adormecer de mis voces internas, renuevo mi sed de nuevos versos.

Silencios que llenan.

Ecos que estallan.

Gritos que sobrevuelan palabras.

Distancias.