MICRORRELATOS VII: Mover ficha

María se había enamorado de nuevo.

Enamorada de la Vida, decía ella, como si de algo mágico se tratara.

De sentir.

De aprender y desaprender lo que ya no es válido y causa daño.

De escuchar sus latidos vivos. Por fin.

De soñar imposibles y romper cadenas. Cadenas inservibles que aprisionaban la respiración fluida y la felicidad.

María contaba que se había “sentido”. Que había “sido”. Que había “amado”.

Nos preguntábamos a quién podía haber entregado tanto de ella….como si esa vorágine que asomaba por su sonrisa desvelara en un lánguido susurro el nombre de algún hombre que la hubiera desnudado en cuerpo y en alma, como un secreto intenso que ocultar, que arrastrar…

Brillaba.

Y al regresar, dejó una parte de su infelicidad muy lejos, dibujando tras de sí una estela que la hacía libre. Única.

María brillaba sin más, aunque el estómago se le encogiera, aunque no supiera cómo empezar de nuevo, aunque lo difícil estaba, como siempre, por llegar.

Esta vez, ser feliz comportaba tomar duras decisiones que, tristemente, afectaban a terceros.

María no dudó.

Ser uno mismo, brillar, ser feliz, significaba mover ficha.

Anuncios