No recuerdo y….

No recuerdo.

Ni siquiera intento hacer un esfuerzo sublime por atraer

a mi mente el vago indicio de sostener la imagen de tus manos quemando mi piel o las hirientes palabras que de tus labios se lanzaban proyectadas como misiles a la boca de mi estómago y mi razón.

No recuerdo, ni creo que intente hacerlo, al menos de manera consciente, al indagar en las heridas que provocaban esas líneas subrayadas en lápiz sobre textos que admirabas o que, simplemente, bajo la certeza sórdida de que harías daño, me regalabas en esas fechas en las que una imaginaba rosas o besos, pero no una rabia intensa que apretaba el nudo inmenso de mi sentir y ser.

Y bajo la pesadez del tiempo y la inevitable necesidad de construir y reconstruir aquellos cimientos que se vinieron solos abajo como columnas de humo, sí que hice lo imposible por renacer e intentar olvidar.

Olvidarte.

Y cuando creí hacerlo, te descubrí entre la multitud, a sabiendas de que tú habías encontrado mi luz y te escondías de ella.

Escondido, agazapado bajo el cuerpo de una frágil mujer que se convertía en parapeto entre mi mirada y tu presencia.

Y descubrí que, así…tan cobarde como te sentí, me reencontré con mi fuerza y la certeza de que el débil es el que destruye y el fuerte el que renace de cualquier ceniza.

Anuncios