MICRORRELATO III: Comenzar de nuevo

– Un día de estos, me iré. Me iré tal y como vine….y entonces será cuando te des cuenta de todo lo que soy para tí.

Cerró la puerta detrás de ella y cuando se había alejado lo bastante de su casa como para secarse las lágrimas de sus ojos y otorgarse un momento de desahogo, se dió cuenta que no había salido sola de casa como esas otras veces de disputas con Miguel.

En sus manos, agarrando con fuerza el carro, llevaba a Adara, ajena a cualquier cosa que no fuera el juego con sus manos y sus pies. Cogido al carro,  caminando al paso de mamá, sin decir ni una palabra y con gesto preocupado, Athan, solo se atrevía a observar de reojo cualquier acción sin mediar sonido alguno.

Esta vez sí. Sus dos pequeños estaban con ella y eso le hizo ver cuánto los necesitaba a su lado, decidiera lo que decidiera a partir de ahora.

Eleonora echaba de menos sus raíces, la alegría de sus gentes, el sonido de sus pasos sobre los adoquines de sus calles siempre llenos de colorido y risas. Echaba de menos a los que quería, a los que había dejado allí. Echaba de menos esas amigas con las que hablaba por el Skype cuando sus dos ángeles se dormían por la noche y la dejaban sola unos minutos. Echaba de menos la pasión de la que Miguel se había olvidado. Echaba de menos tener planes por hacer. Echaba de menos los encuentros sexuales con su marido…Y la rutina la estaba ahogando en un mar de tristeza!!…qué ironía….

Hace ya 10 años que se había enamorado locamente, por Internet,  de Miguel. Nadie apostaba por ese amor, excepto ella.

Lo dejó todo. Todo; una carrera, un futuro, amistades, familia…enamorada de él fue capaz de sacrificarlo todo por seguirlo.

Y llegó Athan e iluminó su vida. Después Adara…. Después la rutina, la tristeza, el desentendimiento, la desazón,…y Eleonora ya no podía más.

Los reproches no hacían más que fragmentar  los encuentros con Miguel. Esas cuatro paredes ya no daban felicidad….

Cuando Miguel volvió aquella noche después de trabajar, la casa parecía extraña. Todo estaba en su sitio, pero un silencio inusual le envolvió de manera incómoda. Buscó habitación por habitación, pero ni los niños, ni Eleonora estaban en casa.

Eleonora se encontraba a muchos kilómetros lejos de allí; en un avión camino a sus raíces y su casa, se había embarcado en el viaje de su Vida. Adara y Athan la abrazaban con fuerza.

Dar el paso no le había costado tanto.

Abrazar a los suyos curó todas las heridas del pasado.

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