MICRORRELATO II

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-No me llames, ni me escribas más.

Sus palabras fueron firmes a través de la línea de teléfono. Su voz sonaba tajante, como quién después de mucho divagar sobre un asunto, había tomado una determinación imperturbable y bien deliberada. Lo que no sabía su interlocutor era que, en verdad, ella no se sentía nada segura del paso que estaba llevando a cabo, ni imaginaba que cuando colgara y no volviera a escuchar en meses su voz, ni tuviera en su correo electrónico sus mensajes, sus cartas…le empezaría a echar de menos como nunca.

Su historia de amor y desamor, de encuentros y desencuentros, de llamadas furtivas y mensajes secretos, había llegado a un extraño final.

Ese estrés al que se estaba acostumbrando, de responder a escondidas en el aseo, en la habitación mientras se cambiaba de ropa, en la cocina cuando hacía la cena o en cualquier lugar, mientras Ignacio o la niña estaban ocupados en otros asuntos que la permitían obtener diez segundos para ella misma, la habían llevado a la decisión, nada segura, de romper con una situación que sólo conseguía mantener su nivel de fracaso matrimonial encerrado en una burda historia de llamadas y mensajes absurdos con alguien que un día perteneció a su vida. Alguien muy lejano, alguien incluso extraño.

Ese extraño sólo estaba acrecentando una desazón interna que cada día dolía más y más; la de entender que la pasión había desaparecido de su vida. O, al menos, esa pasión fogosa y arrebatadora que había vivido en otras épocas no muy lejanas.

Todo era lineal, casi previsible. Esa sensación de rutina inaguantable se agarraba a la boca de su estómago destruyendo su ilusión nada más despertar.

Y allí, al otro lado, alguien había despertado esa pasión dormida con promesas vacías, falsos encuentros y palabras arrolladoras que evocaban otro presente que se antojaba mucho más placentero y emocionante.

El daño ya estaba hecho.

Colgó con la firme decisión de no volver a responder a ninguna llamada, a ningún mensaje de texto, a ningún email…dejando que el tiempo volviera a poner su mundo en el orden que ella había querido salvaguardar.

Lo que nunca pudo entender, es por qué esa sensación de vacío la acompañaría durante años y la imagen robada de aquel recuerdo la estaría atormentando a cada segundo.

Él nunca cesó de intentar recuperar la voz, las palabras de amor y los mensajes de texto que hablaban de reencuentros a escondidas.

Ella…nunca permitió que los recuerdos volvieran a romper su rutina.

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