Pedirte una cosa

Una sola cosa podría pedirte.

Una que nace de mis entrañas y quema.

Una que me subyuga a tu existencia y doblega mi voluntad.

Esa, esa sola cosa, me podría hacer arder por entero. Quemarme. Abrasarme. Calcinarme.

Incendiarme.

Una y otra vez, sin temer al dolor. Sin miedo al que vendrá después. Sin divisar  las consecuencias que acontecerán al instante que nos sobrevenga el vacío del después.

Incitarte. Pensarte. Narrarte. Erotizarte.

Todo y nada a un mismo tiempo.

Para luego, despedirme.

Así que, una sola cosa podría pedirte.

Esa que altere nuestro estado físico de templado a ardiente, de distante a cercano, de confuso a nítido, de mesurado a exaltado.

Esa que reproduzca en nuestra piel dormida un inquietante volcán a punto de explosionar repleto de sed. De ganas. De anhelos. De hambre.

Esa que nos haga temblar de emoción, que nos quiebre en fragmentos creados de sueños, que nos eleve al cuadrado las ansias de deleitarnos.

 

Soñémonos y olvidemos.

 

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No me dejes soñar

No me dejes soñar.
Despiértame.
Se quiebra mi ideología entre golpes y sangre. Todo impuesto.
Las decisiones aquí, no se contemplan.
Las palabras dañan y los gritos asustan.
Parece como si el paso de los años no hubiera acontecido.
Parece que el diálogo cesó cuando al pueblo le robaron su voz.
No se dialoga nada. No se consulta nada. No se cuestiona nada.
Todo sucede porqué sí.
Y lo llaman democracia, cuando el pueblo no decide, cuando la soberanía del mismo se amordaza con leyes que matan la libertad.
Llenan sus discursos de falacias, de miedo, de palabras discordantes con sus actos.
No me dejes soñar.
Despiértame.
Mi voz no debe callar.

#saltaotravez

-Salta otra vez.

Y yo pregunto hacia dónde dirigirme. Qué precipicio o vacío he de escoger, esta vez.

Le tengo vértigo al vértigo. Y miedo a las alturas.

Me asusta el vacío constante que te abraza mientras caes y esa sensación claustrofóbica de no llegar al final del destino, manteniéndome siempre a la deriva en el aire. Sola.

Tengo miedo de no saber controlar ese salto a la nada.

Miedo de no saltar, también.

Miedo al miedo.

¿Cuántas preguntas caben en una sola? ¿Cuántas maneras de saltar cabrían en una sola respuesta?

Alguien argumenta: salta otra vez.

Y no dejo de pensar de cuántas maneras podría hacerlo sin salir lastimada de mi salto a un vacío que desconozco.

¿Alguien me tenderá su mano antes de precipitarme al dolor de chocar con la inevitable realidad?

-Salta otra vez, te digo.

Y el único salto que me atrevo a dar es a reconocer cuantos errores he cometido, cuantas personas haya dañado o cuantas lágrimas haya podido desprender de mis ojos sin sentido.

-Salta….

Y el vacío antes de saltar convergió en mí.

 

Quisiera saber

Mantengo una distancia prudente.

Sabes que puedo quemarme y el fuego siempre me dio miedo.

Soy un incendio que nunca prende.

Soy ese nudo enganchado en tu garganta que no te deja pronunciar mi nombre, que quema tu vientre cuando me retienes en el pensamiento.

Soy ese extraño juguete que se balancea a tu merced y que se cansa de no llegar a ningún puerto.

Soy ese beneficio bruto que deseas para enriquecer tu vida y que molesta cuando los demás saben de mí.

Soy esa flor que cuidas en tu jardín mientras no existe otra responsabilidad, mientras no hay otro entretenimiento, mientras tu hastío te incita a prestarme atención.

Soy ese instinto innato que te atrapa y no sabes reconocer.

Soy esa sensación placentera en la boca de tu estómago, la presión en tu pantalón que denota tu deseo latente, la sed que no se calma, el hambre que no cesa.

Soy esa tormenta que moja tu rostro con gotas de lluvia fresca cuando observas el cielo y que te permite respirar y sentir libertad.

Soy ese estanque de  fluido cristalino que te permite ver el fondo y conocer dónde debes pisar para no malherirte, que te refresca y te alivia cuando te hundes en él.

Soy la marea que te lleva y te trae justo en el momento y en el lugar dónde deseas estar.

Soy tanto, que ya no sabes quién soy, ni conoces el lugar dónde hallarme, ni mi nombre sabes pronunciar cuando más te lo reclamo.

Pudiera ser alivio, deseo, libertad, certeza, camino, abrazo, calor.

Y quisiera saber si soy….

Y por fin, entender.

Voy a sentarme frente al mar.

Voy a cerrar los ojos para poder imaginar.
Voy a fragmentar los recuerdos mientras lo hago, porque de otra manera no sabría, ni podría estimular todas y cada una de mis emociones adormecidas en cada rincón de mi ínfimo cuerpo que se ha quedado esperando todo este tiempo a que el sonido de las olas lo despierten.
Y es la brisa la que roza mi piel haciéndome sentir como si fueran pequeños y suaves besos que caminan, lentamente, posando esos labios que son los artífices de tan bellas caricias en cada poro que recorren.
El olor a salitre pasea, cual intenso perfume a mi alrededor, haciéndome navegar entre aguas opuestas cuando consigo adherir ese olor a todos aquellos afectos que un día nos inundaron en la oscuridad de alguna noche inagotable, sintiéndonos ajenos a todo lo que nos abrazaba que no fuéramos nosotros y nuestras manos. Nosotros y nuestro tacto. Nosotros y nuestro olor. Nosotros y esas ganas acérrimas de sentirnos como cada noche, como cada intervalo de tiempo que podíamos disfrutarnos sin importarnos dónde o cuánto.
Y al abrir los ojos, con el lento devenir de cuantos sonidos ya comprendía por el transcurso de los momentos compartidos con ese mar, entendí que cualquier lugar podría evocar tu recuerdo, no por los instantes compartidos en aquel escenario, sino más bien por el mero hecho de entender que todo lo que eras se hallaba inyectado en mi sangre, en el flujo de mi vida, incapaz de poder esconderme de ti.

Jugar

Despierta.
Quiero ver la luz de esos ojos buscando su camino, ese que se cierne sobre ti y que te persigue, mientras tú lo alejas sin remedio.
Despierta a lo que ha de llegar.
No cierres las puertas que se abren, sin antes mirar en ellas.
Juega.
Juega con el tiempo.
Juega con las posibilidades.
Juega con las sensaciones que albergas.
Juega con todo aquello que desconoces y que da miedo alcanzar.
Juega.
Y mientras estés jugando, descubrirás que nada es tan difícil como las barreras que nosotros mismos construimos cuando deseamos algo y no sabemos cómo alcanzarlo.
Juega.
Mañana ya nada será lo mismo.

Soy, sin querer ser.

No fragmentes lo que soy.
Porque soy todo lo que tienes.
Lo que tienes y lo que deseas.
Lo que buscas y anhelas cuando no estoy.
Lo que deseas encontrar y hallas entre tus manos.
En pedazos y en esencias.
En palabras y en versos garabateados.
En caricias y besos que se deshacen al chocar contra tu piel.
Soy aquello que no ves, que te estremeces al tentar mis pliegues con la yema de tus dedos inquietos.
Soy esa necesidad y ese apetito que te consume cuando no estoy en tu radio de proximidad.
Soy el viento que azota tus antojos y la lluvia que inunda tu cuerpo de ganas, el calor que alimenta tu fuerza y la tierra que te hace crecer, esa que te hace sentir que estás en casa….cuando estás adentro.
Soy un puerto donde anclar amarras, aunque te sientas libre al atar tus lazos en mí. Cuerdas que no dejan marcas, cabos que ceden lo imposible.
Soy.
Y eso te da miedo.
Angustia.
Incendia deseos y te aleja, en un mismo instante.
Y pides que deje de ser, cuando lo que en verdad solicitas mudo, silente, callado, con recelo… es que sea más para ti.
Soy, sin querer ser.